jueves, 14 de octubre de 2010

Miscelánea

Es cierto, sí,es cierto que te amo
aunque no lo merezca.

Tú tal vez no lo sientas
y vivas ajena a mis miradas
a mis incesantes caricias
a mis noches de desvelo …

Pero te amo.

Y tal vez no lo merezco,
no merezco que tu lozanía
quede prendida en mis ajadas manos,
no merezco que la tersura de tu piel
alegre mi despertar
o me acompañe en mis sueños,
no merezco que tu silueta
se dibuje al alba en mi alcoba.

No lo merezco.

Pero te amo.

¿Cuándo, mi amor, será el tiempo,
el tiempo idóneo, el momento oportuno
en que despiertes a mis miradas
a mis incesantes caricias,
a mis noches de desvelo, …?

¿Cuándo?

El tiempo, sólo el tiempo
tiene en su seno la respuesta.

El tiempo, mortal bumerang
que me aboca al ocaso,
que te invita a la vida.

. . . . . . . . .


Conversar con el espejo
es como lanzar palabras al vacío
en un diálogo con la ausencia.

Es como un bosque talado,
sin árboles.

Es como un folio en blanco,
sin poema.

. . . . . .


Esta noche en mi alcoba
tengo por compañero el silencio
pero disfruto el recuerdo
de sentir tus manos
resbalar por mi cuerpo.


. . . . . . . .


Te he visto dormida
y he sentido celos al acariciarte la brisa.

Te he visto moverte
y he sentido celos del aire que te envolvía.

Te he visto marchar
y he sentido celos del adiós.

Habría preferido hasta mañana.

O mejor, hasta luego.

. . . . . . . .


ECOS

Del eco que te llega
sólo conoces su destino.

Conocer su origen...
puede perderte en el tiempo.


. . . . . . .


CINGARA

Heme aquí dispuesto a hacerte
un canto de madrugada.

Caracolillos negros que te abarcan y te ahogan
hacen de tu negra fronda, la morada
en que reside tu poesía.

Un hálito de vida da el vaivén a tu etalaje
y surge etéreo el numen hacedor.

Negras sombras deambulan
bajo livianas gasas negras
entre la negra noche
e inquietos dragones se elevan,
henchido el ámbito
mientras se consume el tuero.

Un golpe de tos mueve la pluma
y hace llorar el pergamino.

Tu cuerpo, simple,
adornado de sarmientos que afloran espadas,
parece quebrarse en su avanzar.

Mis ojos tornan ríos
y en el ínterin navegan
versos ahogados
ebrios de la cíngara
áspide inquieta que a la urraca huye.

Ya, en el ocaso de la noche
la fatiga rinde mi cuerpo a la silla.

Mientras… me acaricia el alba.


. . . . . . . . . .


Si quieres hallar en cualquier parte
amistad,dulzura y poesía, llévalas contigo"
(Georges Duhamel)

La tarde se ha presentado
agitada de hojas
y pensamientos al viento
entre tibios rayos de sol
que no llegan a calentar mi alma
ni mi enervado espíritu.

La tarde me priva
(de nuevo)
de tu presencia
de la dulzura de tu voz,
de tu musa y tu poesía.

Pero aún perdura
tu compañía en mi recuerdo,
y el silbido del viento
entre las ramas de los pinos,
y el vaivén de los rosales
esparciendo su aroma,
en esta tarde agitada de hojas
y pensamientos al viento.

Y en tu recuerdo van prendidos
los versos que atesora
el aroma de las rosas
que bailan en mi jardín.

Ha sido, pues,
una tarde de recuerdos,
una tarde de ausencias,
un decorado perfecto
como fondo de un poema.

Ha faltado la estructura
en esta tarde de tedio,
en esta tarde de otoño.


. . . . . . . . . .


"Ser amable es ser invencible" (Proverbio chino)

Llegaste al atardecer
hablamos y ese, justo ese,
fue el punto de partida.

Era tu cara un océano de tristeza
en el que naufragaban tus palabras
y pedían auxilio tus sentimientos.

Ascendimos la pendiente
desgranando una charla distendida,
aspirando los aromas del monte,
entre el canto último de los pájaros…
y volvimos sobre nuestros pasos
para hacer recuento de sensaciones.

Fuera, el frío de la noche
cayó de repente
se acercó sigiloso y te abrazó.

El resto de la velada,
recostada en un sillón,
te mostraste distinta,
fuiste tú misma de nuevo
y volviste a sonreír.

¡¡Entonces apareció el poema!!

. . . . . . . . . .


Perdóname día
pero tu tránsito es duro
y mi cuerpo está débil.

Perdóname día
porque tu discurrir,
tan lento, tan cansino,
sume mis instintos
en la desesperación
hasta que
un golpe de aire fresco
me devuelve a la vida.

Gracias aire,
gracias día.



. . . . . . . . . . .


Torre vigía

Te imagino dormida en la noche
ajena a mi mirada y a todas.

Te observo viva, repleta de inseguridad,
paseando bajo el sol de primavera.

Te acompaño en tus ausencias
entre la soledad de tantos extraños
… y te quiero.

Y porque te quiero,
te imagino dormida, insegura,
rodeada de extraños,
pero viva, fuerte y decidida
a romper tantas ausencias y recelos.

Decidida a darte una bocanada de libertad
que te ayude a virar la nave
y guiarla a mi puerto.


. . . . . . . . . .


Si me ves oculto entre la noche
bajo el llanto de las nubes
será porque trato de encontrar
una huella de tu lengua
disuelta en mi saliva.

Si ves que la Luna yace
anclada en mi cabeza
será porque trato de hablar
con los pájaros que hicieron
su nido en tu alma.

Si me ves correr
entre un velo de tinieblas
será para buscar cobijo
en el arco radiante de tu pecho.

Si tus ojos desnudos
no se atreven a mirarme
y al final no te tengo

... habrá sido inútil la espera.

. . . . . . . . .

A pesar de este viento que no cesa
la mañana ha despertado soleada.
Mañana de primavera,
de árboles que apuntan sus primeras flores,
el azahar de los naranjos,
la flor de los perales…
y el tractor que no cesa en su run - run
como un martillo que se clava
a cada impulso de mi pluma,
a cada trazo, en cada línea.

Los rosales se muestran repletos de brotes
augurando sinfonías de aroma y color
ideal para pintar esta mañana soleada
de primavera, de árboles en flor…
y el tractor a su faena
con su incesante run- run.

Mañana plácida a través de la ventana,
preñada de hermosos recuerdos
de tiempos pasados, de momentos felices
únicos e irrepetibles
amenizada por el monótono run – run del tractor.

Pero la mañana continúa avanzando
y en su esplendidez me transporta
a otro mundo, un mundo idealizado
de plácida soledad, de recogimiento
abocado a dar rienda suelta a mi pluma
como tantas mañanas, como tantas noches
recordando a Valente y a Brines,
a Machado y a Hernández
a Lorca o a Quevedo.
¡¡Qué más da!!

Todos y cada uno de esos momentos
aparecen ahora agrupados en un haz
en esta mañana soleada de primavera
entre árboles preñados de flor
con el recuerdo de Delibes sobre mi mesa
mientras “Daniel el Mochuelo” y “El Tiñoso”
intentan, sin conseguirlo,
salirse de las páginas de “El Camino”
para volar, como vuela mi pluma
en esta mañana soleada de primavera
con el run – run del tractor como fondo
en su afán de devorar las cizañas
que pueblan el huerto tras la lluvia.

. . . . . .


CUARTO CRECIENTE


Luna, prendida al cielo, partida en dos mitades.
Mantecado navideño cogido, con pespuntes, al aire.
Luna, media luna solitaria que a las estrellas espantas.
No cantes tu soledad, ni llores, que estás bella.
Suelta tus cabellos a la ingravidez y danza contenta, Luna.
Media luna en la noche serena
cuando en el mar te bañas y del mar te burlas
sin dejarte acariciar.
¡No mientas al marinero que no te puede pescar!
Ese lunar que te acompaña en los primeros pasos
al ver que su brillo ciegas, se oculta
te deja sola, Luna
Soberana del plantel nocturno.
Borrón en el mar de puntos,
que ha puesto adrede el artista en medio de su paleta.
Yo, desde allí, entre el susurro lejano de las olas,
al borde de la rivera te miraba, Luna,
media luna, sin dejar de enamorar los instantes
que entre tímidas nubes aflorabas.
Torre, torre de Cope.
¡¡Álzame, súbeme allá arriba
que quiero estar con la Luna!!
Tú, torre, que tanto la has disfrutado,
déjame allí, con la Luna media luna.
Tú rezumas de sus baños de primavera y otoño.
Tú, que cada noche te confiesas a la Luna, media luna
y le cuentas mil historias ya pasadas,
dile que yo muero cada mes en luna nueva
para volver a nacer cuando diviso la Luna, media luna.
Dile a la Luna, media luna,
que son dos alas mis sueños para llevarme a la Luna.


. . . . . . . . . . .


SENSACION

Déjame esta noche tatuar con mis versos tu piel.
Hoy eras elegía, ahora hermosa oda.
Tu cara, antes endecha que el óbito mostraba
desprendida de un Guernica en blanco y negro
muestra ahora su risueño Arco Iris.
Ese manto de seda que te cubre
sigue ahogando el aroma del jazmín.
Lleva tu cuerpo marcada
la envidia de los pintores
que lanzan la paleta al lienzo
que lo hieren con su desilusión
al saberse perdedores de su Musa.
Y ese corazón hacedor de susurros,
coronado de blancas almenas
en el que tantas veces pequé.
Déjame niña, déjame tatuar con mis versos tu piel.
Que no necesita adornos, que lo sé.
Déjame.


. . . . . . . ..


EGRESO

En el cenáculo
el areópago da alojo a Baco
entre vapores de algodón
e hilos proteicos.
El negro matorral boscoso
de ávida calí,
poco antes atusado entre sombras acuáticas,
ofende mi incipiente tonsura.
El viento de una canción
daba a sus cuerpos la cadencia de una lira
entre salsa y rumba
mientras, por una batahola arrastrado,
la epífora ahoga mis órganos ambulatorios
que a la silla me rinden.
Azotan mis oídos
descompasados sones
cuando, desde su bósforo,
emerge una voz almibarada
que a cantar me invita.
Calaveras del lupanar,
ansiosos de un botín no conquistado,
con sus rostros báquicos,
desaparecen por el albañal
mientras cantamos.

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